Los tres estamos relajados, cada cual a un lado de una alambrada ridícula que podemos saltar cuando queramos.
No importa quien está dentro o quien fuera, es subjetivo.
Importa que nos oímos respirar, que nos observamos sin envidias ni frustraciones.
Importa que mañana nos encontraremos de nuevo. No puede hacer daño un asomo de optimismo.
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