No sé como ocurre, no soy consciente si soy el autor del bodegón o alguien lo crea cada mañana para cuando despierto, solo sé que me encuentro sentado ante él con los pies fríos y la sensación de inexistencia. El cigarro es una mecha que me lleva lentamente a la realidad y el café no acaba de templar mis pies.
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