La dignidad no tiene precio, es la razón por la que se vende a cambio de una adulación y unas copas en los sectores sociales más mediocres, banales y humildes. Esta prostitución es inconsciente para ellos, es su forma de vida, no conocen otra; de la misma forma que los perros se saludan olisqueándose los culos.
Y está bien, porque de alguna forma se ha de procrear la especie humana, ya que no existe suficiente materia gris para todos.
Está bien, me confieso indigno; pero no lo arregla.
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