Ayer, mientras con un palillo me limpiaba la porquería de las uñas, pensé en Dios, miré el crucifijo invertido que decora el salón y pensé también en la primera comunión y en el primer coño que sobé.
Y todo estaba bien.
Y me di cuenta de lo poderoso que es mi cerebro, su capacidad para pensar en estereofónico o varios canales.
Luego me dieron ganas de mear.
Soy profundo.
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