domingo, 7 de junio de 2015


No es placentero, es un dolor.
Alguien dijo que duele amar, yo entendía que pudiera doler la cabeza o el corazón.
No la polla.
Ni por un momento pienses que me avergüenza, no creas que acaricio esta carne dura ante ti para alardear de nada.
Es mi cortejo de amar, nací bestia y me quisieron convertir en hombre, solo que algo les falló.
No pienses que soy telépata, ciego o invidente.
Si toco, acaricio y rozo continuamente, no es para entrar en tu mente.
Es para que separes tus piernas (cosa que parece que no acabas de entender porque no hay manera), tomes mi mano y la lleves a tu coño con fuerza y ansiedad.
Que el  tacto sea insoportable y que tu consuelo sea mi mano atenazando tu coño.
No pienses en mí como en un obsceno, lascivo, libidinoso o pura y llanamente sexual.
Soy animal puro, pero por lo visto cuando me quisieron convertir en hombre, tuvieron otro fallo en mi adiestramiento.
No dieron ni una. Son más tontos que mis huevos, que llevan más de cincuenta años juntos y aún no se saludan.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

No hay que negar la propia naturaleza, lección dura y necesaria.
Buen sexo, Iconoclasta.

Pablo López dijo...

Hay que alardear de esa naturaleza, no queda más remedio.
O eso, o esconderse en alguna gruta a salvo de la luz.
Buen sexo.